Filosofia, yam yam….

El amor-pasión o enamoramiento, que en casi todas las
historias que nos ha legado la literatura no excede los tres o cuatro años de
duración, también es posible predisponernos al amor-acción, amor-compañero o
amor-alegría, tal como lo entendió Spinoza, que asoció el amor con el deseo
pero que entendió al deseo como presencia, como alegría, y no como ausencia ni
como desdicha. De allí que con el objeto de concebir el amor en términos de
acción y no de pasión, Fromm proponga para el inglés la expresión be in love
(ser o estar en el amor) para reemplazar el inglés to fall in love y el
francés  tomber amoureux ("caer
enamorado").

 Existe la posibilidad de diferenciar el enamoramiento o
amor-pasión del amor-alegría o amor-compañero -o directamente diferenciar el enamoramiento
del amor-, que no encuentra su objeto en la idealización sino en el
conocimiento y en la aceptación del otro tal cual es, en la actividad y no en
la pasividad, el amor que reconoce que toda relación que se prolonga en el
tiempo trae aparejados momentos de antagonismo y aburrimiento, el amor que se
regocija en la presencia del otro, en su disponibilidad y no en su ausencia, el
amor que no presupone el sufrimiento de nadie, el amor que reconoce que toda
pasión es por definición perecedera, y que el fin de la pasión no equivale al
fin del deseo sexual ni al fin de la ternura o del compañerismo. ¿Cuál es la
diferencia entre el amor y el deseo? En el amor se tiene en cuenta al sujeto
amado, mientras que en el deseo la persona tiene sobre todo consciencia de sí.

 Contemporáneamente a menudo se entiende que la pasión es
sinónimo de deseo sexual. Esta asociación es resultado directo de la
sexualización de las relaciones amorosas que tiene lugar con los movimientos de
liberación sexual de los sesenta. No siempre se ha dado esta reducción de la
pasión al deseo sexual. El concepto de amor-pasión desarrollado por la
literatura romántica es altamente espiritual; no prescinde del sexo pero lo
excede.

 Encuentro muy respetable el desinterés que sienten algunas personas
por formar una pareja estable, e incluso el desinterés por el sexo. Es posible
obligar a trabajar, pero no creo que sea posible obligar a amar. Quien se niega
al amor se pierde una de las extraordinarias experiencias que ofrece la vida.
No obstante, creo que es posible apasionarse muy legítimamente por otros
bienes. No todos tenemos las mismas necesidades. La mayor parte de las personas
no están en pareja. No parece pues vana la reflexión en torno a otras redes de
contención afectiva que excedan el -a veces- monopólico imperativo de la
pareja, particularmente teniendo en cuenta que el amor-pasión se ha convertido
en la gran religión moderna ante la retracción de otros sistemas de creencias.

Como se ve, el amor no se explica sólo en correlato con la
psicología individual. La comprensión filosófica e histórica de este tema tiene
mucho para decirnos al respecto. En el último siglo asistimos a cambios
sociales que han producido modificaciones significativas en nuestras formas de
amar. Fenómenos como los movimientos de emancipación femenina, la aceptación de
las múltiples orientaciones sexuales, la escisión entre sexualidad y
reproducción -con la aparición de los anticonceptivos primero y mediante los
métodos de fertilización in vitro más tarde- han producido cambios que apenas
alcanzamos a vislumbrar. De la pareja como institución (destinada
principalmente a la crianza de los hijos) se ha pasado a la pareja como
relación (en la que los hijos aparecen como un fenómeno subsidiario). De la
familia extensa se ha pasado a la familia nuclear, y de allí a la familia
monoparental. Las parejas duran cada vez menos. Cada vez hay más adultos sin
pareja estable. Cada vez más hijos son criados y mantenidos exclusivamente por
su madre. Los lazos de solidaridad y contención afectiva se resquebrajan y el
individuo queda cada vez más librado a su propia suerte. Con redes sociales que
progresivamente tienden a disolverse, la separación de una pareja puede
convertirse en una verdadera tragedia por la soledad en que sume a alguno de
sus integrantes. ¿Dónde hacer pie ante semejante edificio que se derrumba?


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