¿Se confunde el sexo con el amor?


Aunque parece que cada vez se están equiparando más  las actitudes de ambos sexos sobre el tema, aún existe una cierta tendencia a confundir los conceptos ante determinadas circunstancias.

Una relación sexual esporádica es comúnmente aceptada como un encuentro pasajero que satisface a ambos participantes. Cuando estos encuentros se repiten entre estos mismos individuos, es probable que se creen confusiones o interpretaciones diferentes según el sexo de cada uno de ellos. Cuando no están de acuerdo en el motivo que les empuja a repetir, normalmente es la chica la que suele pensar que “hay algo más”, que no sólo es placer sexual lo que les une.

Desgraciadamente, existe una creencia muy extendida en la población que habla sobre lo maravilloso del enamoramiento y de la pasión que le acompaña, en contraposición a lo aburrida y monótona que resulta la vida en pareja una vez transcurrido este periodo inicial.

En primer lugar, deberíamos entender que aun a pesar de ser similares, estamos hablando de dos situaciones completamente distintas, en las que intervienen diferentes tipos de hormonas.

El enamoramiento es un proceso bioquímico que se origina en el cerebro cuando se produce la feniletilamina, que es un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas. Esta es la explicación de la excitación y alteración de los enamorados: están totalmente drogados por sus hormonas.

Seguidamente, el cerebro segregará la dopamina, la noreprinefrina y la oxitocina; esta última será la encargada de crear el vínculo. Sin la intervención de la oxitocina, nos resulta imposible establecer ningún tipo de vínculo emocional: el de una madre con su hijo, el de las parejas, incluso las relaciones de amistad se establecen también gracias a ella.

Poco a poco, las anfetaminas naturales que notamos durante el enamoramiento se van debilitando para dar paso a otra avalancha de hormonas que abren un nuevo proceso en la relación: las endorfinas (similares a los opiáceos), que nos proporcionan un amor más sosegado, siendo este un sentimiento de paz, seguridad y comodidad.

Este cambio que sufre nuestro cuerpo a nivel hormonal hace que pasemos de un estado de euforia a uno más relajado. De la pasión desenfrenada vamos, poco a poco, transitando hacia un estado de ternura mucho más calmado.

La ternura es el estado del amor duradero y aquí se invierten los papeles. Si durante el enamoramiento era la química quien mandaba por encima de todo lo demás, si era ella la que controlaba nuestros sentidos, cuando este fogonazo inicial se calma, es la constancia quien toma el relevo.

 

El amor exige un cierto trabajo, un cuidar de la relación, un estar por el otro. Buscar los objetivos y proyectos comunes, invertir tiempo juntos y favorecer la convivencia, entre otros aspectos, será lo que propicie la química y no al revés, como sucedía antes.

Las relaciones sexuales tras el periodo de enamoramiento no tienen porque menguar, simplemente cambia el estímulo que las propicia. Si tras el enamoramiento esperamos que las ansias nos sigan acometiendo como un devastador tsunami, nos equivocamos: el amor es un oleaje, un suave y constante oleaje.

 

Apreciar lo bueno de cada etapa es lo que nos proporciona una vida de bienestar, querer sentir siempre una misma emoción es una inmadurez propia de nuestro tiempo.

Vivir siempre inmersos en la vorágine de la pasión puede ser muy excitante y estimulante pero, al mismo tiempo, muy estresante y agotador. La calma tras la tormenta es necesaria y sumamente agradable. Nadar en aguas tranquilas propicia experiencias maravillosas.

 

Sobre las hormonas que intervienen tanto en el enamoramiento como en el amor propiamente dicho. Una de las hormonas que podría ser una de las causas de esta confusión: la oxitocina.

Recordemos: el enamoramiento es una pasión desenfrenada que, con el tiempo, quizás dará paso a una relación más tranquila y duradera a la que llamamos amor. Aunque muchas veces no es así y dos personas que han vivido un “tórrido” romance no llegan a establecer un vínculo afectivo duradero.

 

A veces, lo que se cree enamoramiento no es más que un destello de pasión sexual, el cual estaría regido principalmente por la dopamina, que sería la hormona que implica el placer y el deseo, mientras que la oxitocina sería la que establece el vínculo, con lo que experimentamos ese deseo y placer hacia una única persona. Desde una “visión mundana” la dopamina sería promiscua mientras que la oxitocina sería monógama.

 

Por esta razón, una vez el cuerpo va calmándose, nos damos cuenta de lo que nos sucede realmente y volvemos a experimentar un mayor grado de lucidez, apreciando que, quizás, lo que llamábamos amor, no era realmente tal y, por tanto, la que consideramos pareja simplemente fue amante.

Anuncios

El matrimonio no es para amargados….

Me harto de escuchar y leer que el matrimonio es una porqueria… Y me pregunto: “Que culpa tiene el matrimonio de que haya gente que no les quepa el papel?” Ninguna!

El matrimonio no es para cualquiera, no deberian casarse los que no saben llevarlo o los que no están dispuestos de pelear por él, porque esos son luego los que hablan pestes del matrimonio y conozco mucha gente casada que es muy feliz.

No es el matrimonio el culpable, son los que no saben llevarlo. Estos deberian irse a una isla desierta, sin internet para no molestar a la gente que no está amargada como ellos.

Los amargados, ven la vida negra, toda negra, todo es malo, nada es bueno, no tienen razones para vivir y no se preocupan por encontrar esas razones.

Solo intentan con gran empeño en joderle la vida a los demás, en hacerlos amargados como ellos, porque ellos no saben valorar lo que tienen o lo que quisieron tener.

A todos ellos les digo: VAYANSE A LA MIERDA! Y no vuelvan, porque acá no los necesitamos….!!!

Vamos Walter Begehot

El mejor placer de la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer.